San Camilo De Lellis
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Orden de los Ministros de los Enfermos
" ¡ Más corazón en esas manos, hermanos! "


HAMBRE DE CARIDAD Y DE JUSTICIA

Experiencia Pastoral de dos Postulantes Camilianos chilenos


            El mes de febrero, alberga la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, advocación, que en Chile, tiene un gran sentido de sanación en los enfermos, por lo que existen muchos lugares de culto a lo largo y ancho de todo el país. Uno de estos lugares es el “Pequeño Cottolengo”, ubicado en la comuna de Cerrillos-Santiago de Chile-Región Metropolitana, donde existe una gruta dedicada a esta advocación mariana y en donde María, guarda bajo su manto protector a 395 personas: niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, con diversas discapacidades neurológicas leves, severas y profundas. La “Pequeña Obra de la Divina Providencia”, conocida como “Pequeño Cottolengo”, traída a Chile por San Luís Orione, su fundador, en 1936, se ha expandido, por Gracia de Dios, en diferentes ciudades y localidades del país.

            El día 1 de febrero, llegó el Postulante Camiliano Cristián Orellana al Cottolengo, recibido por el director de la Obra Pbro. Gustavo Valencia, quien encargó a dicho postulante el pabellón “San Luís Gonzaga”. Luego, una semana más tarde, llegó el Postulante Cristián Andrés Contreras, a quién se le encargó servir a los niños postrados en el pabellón “Paz y Amor”. La responsabilidad es grande, hay que disponerse en alma, corazón y mente y un espíritu muy pronto a la caridad, pues hay diferentes problemas y sufrimientos, y es necesario ser padres, madres, enfermeros y psicólogos de alma y cuerpo. Hay que prestar atención a las necesidades esenciales y mucho cuidado y obediencia a los tratamientos adecuados para cada paciente.

            En “San Luís Gonzaga”; existen 25 niños atendidos por 8 auxiliares más una auxiliar de cocina. La media en edad de estos pacientes es de 2 y 32 años aproximadamente. La patología base a tratar en este pabellón es el daño neurológico, a lo que se suman otras patologías y otras enfermedades anexas al mismo tales como: Síndrome de Down (obsesivo-agresivo), Autismo, Esquizofrenia, Parálisis cerebral, y un niño que padece síndrome de Trysher-Collins.

            En el pabellón “Paz y Amor”, existen 45 niños, atendidos por diez auxiliares, cuyo rango de edad está entre 0 y 40 años, todos con daños neurológicos y motores, Síndrome Fetal Alcohólico-Drogadicto, un bebé con Hidrocefalia, Parálisis Cerebral, Retraso Mental y Tetraplegia, y diversos síndromes y patologías que hacen adquirir otras disfunciones motrices y gástricas, cardiopatías, deficiencias pulmonares, problemas oftalmológicos como: desviación y ceguera, además de sordera y mudez, de hecho, existen niños ciegos, sordos y mudos y algunos con las tres disfunciones a la vez. Aquí, todos los pequeños desde los 5años aproximadamente, están postrados o deben pasar el día en una silla de ruedas.

            Detrás de cada niño hay una historia. Cada pequeño, tiene un contexto familiar o social, pues hay y existe una familia, una gracia -y a su vez- una desgracia, una madre que sufre por su hijo, y una madre que le abandona…Tras estos rostros inocentes, existe un testimonio de complicaciones en el parto, maltrato infantil, que concluyó con un daño cerebral severo, malformaciones, madres alcohólicas o consumidoras de drogas y estupefacientes durante el embarazo, madres que han sido golpeadas por sus maridos mientras estaban gestando un nuevo ser…Toda una realidad de desordenes éticos y espirituales, de los cuales son niños inocentes, los que pagan el precio mayor. Con esto entramos al delicado tema de la asistencia a estos pequeños:

                               Nos denuncian los(as) auxiliares, que los niños, al momento de agravarse, son llevados a la Posta o centros asistenciales públicos. Ahí muchas veces son marginados, porque son pobres, y como sufren deficiencias mentales, piensan que no sufren molestias, los hacen esperar largas horas para atenderles, si los auxiliares tienen carácter, deben insistir y agilizar los trámites, hasta que atiendan a los niños, que, al ser ingresados y hospitalizados, no son bien tratados ni atendidos, no les alimentan, ni les asean, como a los otros, los niños sufren de deshidratación y desnutrición, les aparecen escaras y llagas en pies y manos. La Jefa de Turno de Noche, del pabellón Paz y Amor, comenta que estuvo en una ocasión hasta las 3:00 am esperando a que un pequeño con una pleuresía severa fuera atendido: ¿discriminación, clasismo injusto para con los más débiles e internos de una institución de caridad de la Santa Madre Iglesia?, ¿dónde está el llamado Plan Auge, que ayuda a los indigentes? A veces el personal tiene la impresión de que se realizan en el Hospital experimentación con los niños. ¿Es acaso, un niño con estos problemas un conejillo de indias para experimentaciones, un estorbo, un desecho humano? Nadie es   un desecho ni un estorbo, ni menos un elemento de experimentación, pues cada ser humano tiene dignidad y derechos.

            Nos hemos acercado al misterio del conocimiento de Dios. Cada pequeño ha recibido el bautismo, muchos reciben la Eucaristía dominicalmente, es hermoso y motivante participar en la Santa Misa con ellos. La vivencia de la Eucaristía es un punto importantísima para ellos, y la presencia de María, de quien saben que es su Madre. Ya lo hemos visto en la Novena a Nuestra Señora de Lourdes en la que nuestros pacientes participaron activamente. Pues, más que desarrollar la intelectualidad, desarrollan profundamente la sensibilidad y así descubren el sentido “táctil”, o sea, de “tocar” a este Dios presente en quien lleva el amor a su vida y en el que está necesitado de ese amor.

              Hay que ser educadores, no sólo hablando, sino con el testimonio. Algo así nos ha enseñado el Sacerdote más anciano de la comunidad orionista: Padre Alvio Mattioli, quien recibió el hábito de manos de Don Orione y le conoció en los últimos años de vida del Santo, cuando era seminarista entre 1938-1940. Nos ha hablado de los últimos años de su fundador, de toda la obra que hizo durante su juventud aquí en Chile y que, a pesar de sus 84 años, aun permanece firme en la fe, la esperanza y la caridad, trabajando por los “Cottolengos” haciendo una tras otra cosa, madrugando para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, orar con profundidad, y sobre todo mantener lo que Don Orione les enseñó: “TENEMOS QUE SER HOMBRES DE FE Y TRABAJO” y él personalmente nos ha enseñado y señalado para con los enfermos: PACIENCIA. La paciencia es un don del cielo que permite dar y dar sin cansancio, pues el alma que anda en amor ni cansa ni se cansa y el cansancio corporal ayuda al descanso del más débil. Nos hemos construido y alimentado muchísimo con este santo varón, que modestamente trabaja y se esfuerza por estos pequeños entre los pequeños.

             Por las noches, antes del descanso nocturno, compartíamos las experiencias vividas. Ambos hermanos nos hemos enriquecido mucho, aprendiendo cosas nuevas, y por las diversas situaciones que hemos vivido, y nos hemos dado cuenta de la presencia de Dios y San Camilo en esta preciada experiencia, él nos está enseñando la caridad y el celo por llevarla a cabo en la vida de la Iglesia…así como sus brazos abiertos rogaron en su natal Bucchianico para dar alimento a sus hermanos hambrientos en el milagro de las habas, así nos está enseñando a abrir nuestros brazos, para rogar, recibir y dar a este mundo, a este Chile hambriento de caridad y justicia a nuestros hermanos enfermos discapacitados.